Si un observador extraterrestre (con nociones de gestión empresarial, claro) observara desde una nave en órbita lo que está sucediendo en el mundo empresarial en España en los últimos tiempos sin duda pensaría que tenemos una cultura en la que se incentiva el suicidio empresarial.
Las empresas de nuestro país (aunque desgraciadamente no sólo limitado a ellas) parecen estar inmersas en una especie de apatía competitiva, que les empuja a tomar tímidas iniciativas según va evolucionando el ciclo de vida de la crisis en la que estamos envueltos.
El problema es que la mayoría de estas decisiones suelen ser timoratas, y que en lugar de atacar decididamente las raíces de los problemas que las constriñen (baja productividad, estructuras de costes mal diseñadas, muy pesadas o incluso desconocidas, entendimiento parcial de lo que buscan sus clientes…) se focalizan en acciones de muy poco calado, principalmente cosméticas, en espera de tiempos mejores, en el que la crisis, que entienden externa, finalice.
Pues tengo malas noticias para ellas: hay altísimas probabilidades de que no sobrevivan a la crisis, o lo hagan perdiendo varios órdenes de magnitud en su escala competitiva…. porque no me canso de decirlo, ésta no es (sólo) una crisis internacional, de mercados financieros o de consumo… se han agotado las principales bases que permitieron el “milagro español”… ¿y sin embargo seguimos funcionando de la misma manera?
Sin duda una de las explicaciones más claras de esta especie de apatía la podemos encontrar en el famoso síndrome de la rana hervida:


