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28 junio 2011
17 marzo 2011
“¿Qué tal estás?”... “¡Pues anda que tú!”
Qué tal el trabajo? Fatal; ¿Por qué? No sé, por todo... Demasiado hago para lo que me pagan.
Esta conversación con un amigo me vino a la mente al ver las imágenes de la brutal catástrofe que está sufriendo Japón. La serenidad y el coraje con que los japoneses están afrontando “el apocalipsis” contrasta con el negativismo que cada vez parece tomar más fuerza en la sociedad española.
Japón ya nunca será el mismo, y millones de personas tendrán que aprender a vivir en otra casa, en otra ciudad, con otro empleo, con otros amigos y echando siempre de menos a esos seres queridos arrebatados por una naturaleza cruel y despiadada. Lo conseguirán. Ya lo hicieron después de la Segunda Guerra Mundial y ahora volverán a levantarse para demostrarnos a todos su afán de superación. Todo lo contrario a ese victimismo que se ha convertido en uno de los rasgos más destacados de la sociedad contemporánea.
Es tan fácil protestar, quejarse, criticar, juzgar y lamentarse que todos sabemos cómo hacerlo. Basta con adoptar el rol de víctima y creer que el mundo es un lugar injusto, en el que la culpa de nuestros problemas, conflictos y sufrimientos siempre la tienen los demás. Resulta tan sencillo tratar de esconder muestras miserias, miedos e inseguridades detrás de una crítica feroz al jefe, a la empresa, a los compañeros, a la familia, a Zapatero, a la sociedad, a la vida... Cualquier excusa es buena para no afrontar nuestras inseguridades.
18 enero 2011
El síndrome de la rana hervida y la crisis
Si un observador extraterrestre (con nociones de gestión empresarial, claro) observara desde una nave en órbita lo que está sucediendo en el mundo empresarial en España en los últimos tiempos sin duda pensaría que tenemos una cultura en la que se incentiva el suicidio empresarial.
Las empresas de nuestro país (aunque desgraciadamente no sólo limitado a ellas) parecen estar inmersas en una especie de apatía competitiva, que les empuja a tomar tímidas iniciativas según va evolucionando el ciclo de vida de la crisis en la que estamos envueltos.
El problema es que la mayoría de estas decisiones suelen ser timoratas, y que en lugar de atacar decididamente las raíces de los problemas que las constriñen (baja productividad, estructuras de costes mal diseñadas, muy pesadas o incluso desconocidas, entendimiento parcial de lo que buscan sus clientes…) se focalizan en acciones de muy poco calado, principalmente cosméticas, en espera de tiempos mejores, en el que la crisis, que entienden externa, finalice.
Pues tengo malas noticias para ellas: hay altísimas probabilidades de que no sobrevivan a la crisis, o lo hagan perdiendo varios órdenes de magnitud en su escala competitiva…. porque no me canso de decirlo, ésta no es (sólo) una crisis internacional, de mercados financieros o de consumo… se han agotado las principales bases que permitieron el “milagro español”… ¿y sin embargo seguimos funcionando de la misma manera?
Sin duda una de las explicaciones más claras de esta especie de apatía la podemos encontrar en el famoso síndrome de la rana hervida:
08 diciembre 2010
Caramba, qué reparto
Rafael Úbeda
Jonathan Coe, en ¡Menudo reparto!, retrataba así el thatcherismo por boca de un ficticio miembro del gobierno: "Es bastante simple, el truco es no parar de hacer cosas indignantes. No tiene sentido conseguir aprobar una ley escandalosa y dar tiempo a todos para que se sulfuren. Hay que entrar allí directamente y rematarla con algo aún peor, antes de que la gente haya podido averiguar con que los has golpeado". ¡Menudo reparto!, publicada en 1991, fue considerada una gran sátira, pero uno tiene la impresión de que los socialistas españoles, fieles a su altura intelectual, se lo han tomado en serio como un compendio de virtudes que debe atesorar un político.
Antes de que los ciudadanos tengan tiempo de indignarse con las ayudas a la banca, se anuncia la congelación del sueldo de los funcionarios. Mientras estos digieren la noticia, se hace pública la próxima reforma de las pensiones. Cuando aún no hemos dejado de temblar por nuestro futuro, se elimina la ayuda de 426 euros a los parados de larga duración. A continuación se envían más tropas a Afganistán –no todo han de ser temas económicos, que al final también se agotan– y se sigue huyendo adelante anunciando la reforma de los convenios colectivos y del paro, privatizando Aena y loterías, lanzando globos–sonda del copago sanitario... Todo es válido, absolutamente todo, para anestesiar –un golpe de mazo en la cabeza es una forma primitiva pero efectiva de anestesia– a los ciudadanos. Cosa fácil, porque como continúa el político ficticio Coe, "lo que pasa con la conciencia de los ciudadanos es que realmente no tiene más capacidad que... un ordenador de los antiguos. Solo puede retener dos o tres cosas a la vez".
Thatcher era una aprendiz. Los laboristas que la sucedieron crearon la estafa llamada Tercera Vía para disimular su traición a los ciudadanos. Pero el socialismo español los ha superado inventando la Cuarta Vía, también llamada Vía Libre o Vía Muerta, según se tenga en cuenta el punto de vista de los especuladores o el lugar donde acabará el PSOE.
Antes de que los ciudadanos tengan tiempo de indignarse con las ayudas a la banca, se anuncia la congelación del sueldo de los funcionarios. Mientras estos digieren la noticia, se hace pública la próxima reforma de las pensiones. Cuando aún no hemos dejado de temblar por nuestro futuro, se elimina la ayuda de 426 euros a los parados de larga duración. A continuación se envían más tropas a Afganistán –no todo han de ser temas económicos, que al final también se agotan– y se sigue huyendo adelante anunciando la reforma de los convenios colectivos y del paro, privatizando Aena y loterías, lanzando globos–sonda del copago sanitario... Todo es válido, absolutamente todo, para anestesiar –un golpe de mazo en la cabeza es una forma primitiva pero efectiva de anestesia– a los ciudadanos. Cosa fácil, porque como continúa el político ficticio Coe, "lo que pasa con la conciencia de los ciudadanos es que realmente no tiene más capacidad que... un ordenador de los antiguos. Solo puede retener dos o tres cosas a la vez".
Thatcher era una aprendiz. Los laboristas que la sucedieron crearon la estafa llamada Tercera Vía para disimular su traición a los ciudadanos. Pero el socialismo español los ha superado inventando la Cuarta Vía, también llamada Vía Libre o Vía Muerta, según se tenga en cuenta el punto de vista de los especuladores o el lugar donde acabará el PSOE.
Albert Soler. Publicado en Faro de Vigo, 07/12/2010
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