12 junio 2013

Vivir con nuestra mejor versión


"Sólo una cosa convierte en imposible un sueño:
el miedo a fracasar"
Paulo Coelho

Hay situaciones que nos dan miedo pero que son casi idénticas a otras que nos animan a ser valientes y sólo se diferencian en el contexto o, a veces, solamente en el título del cuento. Sin embargo el personaje es siempre el mismo, ya sea en la corte del Rey Arturo o en una empresa en el siglo XXI. Todos debemos vivir con nuestra mejor versión, incluso aunque ésta pertenezca a nuestras fantasías.

El día de su cumpleaños Enrique perdió su empleo. Desde siempre había tenido una imaginación portentosa que, por otro lado, había estado totalmente desperdiciada hasta aquella extraña semana cuando su vida pareció sumirse por un desagüe sin final conocido.

Tras avisar a sus amigos de que no tenía humor para fiestas se fue a su casa para estar solo y poder pensar. En su habitación se sentó frente al castillo de Playmobil que desde hacía casi veinte años sólo tenía un fin decorativo. Allí descansó su mirada hasta quedarse dormido en la butaca.

Esa noche soñó que era una especie de Conde de Montecristo, que lo expulsaban de la corte de un rey que era, casualidad, su exjefe. Salía enrabietado por el puente levadizo del castillo de Playmobil preocupado por su futuro; se quejaba de lo injusta que era la vida, dejando a un mequetrefe en el trono y echando fuera a alguien como él, tan válido o más que el propio rey.

Como por arte de magia ese miedo desapareció cuando notó que cubría su cabeza con una corona de rey
– Está bien, quizá no tenga reino pero soy un rey y los reyes piensan como reyes no como vasallos.  Enrique se adentró en un bosque solitario, donde hacía mucho frío; decidió aceptar su corona y ser digna de ella: los reyes guerreros no sienten frío y si lo sienten hacen por no tenerlo. El rey sin reino buscó una cueva y se cubrió con su delgada capa. El frío de la noche era cortante pero el sentimiento de responsabilidad por mantenerse a la altura de un héroe le servía de calefacción interna.

Enrique despertó al día siguiente para ir a la oficina de empleo pero se sorprendió de su propio estado de ánimo, se notaba más animado de lo que esperaba. Sin embargo aquella tarde su novia le dejó.

Esa noche soñó que su princesa le echaba del castillo, se sintió dolido y caminó de nuevo hacia el puente levadizo. Volvió a sentir la corona sobre su cabeza y recordó que tenía sangre de rey. Al volverse por última vez para mirarla recordó que el zapatito de cristal no le había entrando a la primera y eso le tranquilizó. Aquélla no era ella su princesa.

Por la mañana Enrique no tenía los ojos hinchados de llorar como había esperado. Acto seguido fue a entregar su currículum a una empresa. Sintió mucha vergüenza y miedo al rechazo, así que decidió dejárselo a la recepcionista como un currículum más de los tantos que recibían. En ese momento salió el director comercial de la compañía de su despacho y Enrique dejó que se fuera, depositando sus esperanzas y, sobre todo, sus miedos y complejos en un papel.

Soñó entonces que deambulaba sediento por el bosque y un grupo de caballeros aristócratas y estirados se acercaba. Enrique pensó hacer como si no los hubiera visto para que no pudieran burlarse de él ni llamarlo zarrapastroso. Pero en ese momento recordó su compromiso con su corona, su certeza de que él merecía un reino como su exjefe. Ser consecuente con su papel de rey sin reino era lo único que podía evitar caer en la creencia autodestructiva de que no era más que un vasallo mediocre que había estado sobrevalorado por un rey compasivo. Y decidió pararse en medio del camino y detener a la cuadriga con los modales propios de su sangre azul – Dios os guarde nobles caballeros; soy Enrique Pérez, ¿podríais darme un vaso de agua, por favor? – Aquellos hombres le respondieron en el idioma de reyes que había utilizado Enrique, haciéndole sentir cómodo y noble, si bien no recordaba la respuesta que le habían dado pues en ese momento despertó.

Por la mañana fue de nuevo a la empresa del día anterior y solicitó una entrevista con el director comercial. Sorprendentemente el miedo no había aparecido, ni el esperado complejo de inferioridad ni el tartamudeo. Le dijeron que no le podían atender, que volviera la semana siguiente y, además, la recepcionista le dijo que era poco probable que le dieran trabajo. Enrique se fue decepcionado a casa.

Soñó entonces que llegaba a un castillo que pertenecía a un duque que tenía una hija preciosa y además esa hija estaba comprometida con un marqués. Enrique le preguntó al duque si podía ayudarlo, éste, sin embargo, le preguntó: – No, hijo, dime más bien… ¿En qué puedes ayudarme a mí para que mi corte sea más poderosa? – Enrique no supo responderle hasta que su corona se iluminó y volvió a pensar como un rey guerrero – Pues puedo ganarle guerras porque no tengo miedo, soy un rey sin reino, pero un rey no acepta un No a la primera, un rey sabe salir de cualquier situación incluso con guerreros de países lejanos y lenguas extrañas, porque la valentía y la nobleza son idiomas universales.

Nada más amanecer Enrique preparó sus entrevistas de trabajo como el guerrero que haría más poderoso a un ejército y, por supuesto, sabiendo que nadie le esperaría con la puerta abierta.


Aquella semana se sintió extrañamente seguro de sí mismo, como si todo aquello ya lo hubiera hecho en otra vida.

Autor: José Ángel Caperán
Twitter  @jcaperan

10 mayo 2013

Estrategias emocionales




LOS SIETE PASOS DE LA SEDUCCIÓN

Una estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un determinado fin. Pero cuando la estrategia trata de inducir y persuadir a alguien con el fin de modificar su opinión o hacerle adoptar un determinado comportamiento según la voluntad del que lo provoca no le llamamos estrategia, le llamamos SEDUCCIÓN.

Es el conocimiento de la conducta humana lo que nos permite diseñar productos y estrategias para la conducta humana. Y este conocimiento nos dice que para que una estrategia llegue a ser exitosa ha de seguir el siguiente camino:

1.- Ser Encontrado
Porque los clientes buscan y no siempre le encuentran, necesita una estrategia que haga que cuando ellos busquen le encuentren precisamente a usted. 

2.- Ser Deseado
Porque cuando le hayan encontrado no pasen de usted sino que sientan el alma de su producto y de su empresa y la deseen.

3.- Ser Escogido
Porque no basta con ser "el deseado" sino que además han de elegirle y considerarle como la mejor opción.

4.- Ser Aceptado
Porque a usted le interesa una transacción comercial y la conformidad de su cliente ha de estar alineada con la de su empresa.

5.- Ser Vivido
Porque la finalidad es que su producto sea consumido, que los clientes sientan satisfacción al consumir su producto, que lo vivan como una experiencia positiva.

6.- Ser Recordado
Porque la experiencia de vivir su producto ha de ser memorable para que perdure en el tiempo y sientan la necesidad de repetirla.

7.- Ser Recomendado
Porque su producto ha de conseguir el cliente sienta que es mejor con él y se sienta orgulloso de él.

Fuente: http://www.frogfer.es

08 mayo 2013

Manejar nuestros impulsos


Si quieres controlar tus emociones debes comprenderlas y no tenerles miedo.
La autoregulación es el arte de saber manejar nuestros impulsos y trabajar con ellos.
Las personas con una mayor inteligencia emocional saben:
  • Manejar de forma efectiva las emociones negativas y sus impulsos perjudiciales.
  • Tienen una alta responsabilidad.
  • Se muestran honrados e íntegros.
  • Son flexibles.
  • Están abiertos a nuevas ideas y enfoques.
  • No tienen miedo a los cambios.
  • Nunca sospechan de nadie.
  • Se mantienen positivas y serenas aún en los momentos complicados.
  • No se desaniman si los resultados no son los esperados.
  • Actúan de forma ética.
  • Inspiran confianza.
  • No se evitan a si mismos.
  • Cumplen sus compromisos y promesas.
  • Son sensibles y cuidan las relaciones que establecen.
  • Buscan ideas en distintas fuentes.

Nosotros somos actores de nuestra vida y es en la actitudes donde reside la clave de todo.
Lo importante es saber que tenemos el poder de controlar nuestras actitudes a pesar de los acontecimientos externos.

¿Te atreves a practicarlo?


24 noviembre 2012

Lección de economía: "Se veía venir..."


"No hay bien que siempre dure,
de lo malo a lo bueno se va bien,
pero de lo bueno a lo malo que mal se va a ir
y eso es lo que va a venir".

Valdegeña, Soria - año 2007 D.C.

22 septiembre 2012

Lo importante y lo extraordinario


Uno se da cuenta de la fragilidad que le habita
cuando considera un éxito imprescindible
conseguir atar los cordones de sus zapatos.

Lo importante en nuestra vida es simple, breve y sencillo:

¡Vivir!

(respirar, beber, comer, defecar; 
reproducirse)

Lo extraordinario, ideal y difícil:

¡Vivir bien!

(Salud, en abundancia; 
amor, el necesario;
dinero, el imprescindible; 
dolor, el inevitable).

Gonzalo Seijo

El cambio de los patrones mentales


08 septiembre 2012

Aplicaciones gratuitas para una mejor organización y productividad


Agenda y Calendario

Google Calendar
La agenda de contactos y calendario de Google. Permite organizar eventos y tareas bajo una interfaz muy accesible, visual e intuitiva. Puedes compartir el calendario con tus contactos y sincronizarlo con tus dispositivos móviles.

Documentos y gestión de archivos

Google Drive
El servicio de almacenamiento y edición de archivos en la nube de Google. Cada usuario cuenta con 5 GB de espacio gratuito para almacenar archivos. El acceso se hace a través del pc o del dispositivo móvil. Además, permite crear y editar documentos de texto, hojas de cálculo y presentaciones online. La edición puede per personal o colaborativa.

Dropbox
Uno de los servicios de almacenamiento en la nube más extendido. Dropbox facilita el acceso a tu espacio de almacenamiento a través del pc y de dispositivos móviles, aunque a diferencia de Google Drive no permite la edición de archivos.

Notas

Evernote
La aplicación por excelencia para guardar tus ideas. Evernote es perfecto para tomar notas, guardar páginas web interesantes, grabar mensajes de voz, guardar archivos PDF, crear listas de tareas, hacer fotos y mucho más. La información guardada en tu cuenta es accesible tanto desde pc como desde cualquier dispositivo móvil. Es ideal como herramienta colaborativa.

Información y noticias

Flipboard
El lector de RSS más elegante. Para estar al día, FlipBoard nos permite agregar tanto las RSS de las páginas que nos interesan como nuestras cuentas de redes sociales (Facebook, Google+ y Twitter) y nos muestra toda esta información en forma de periódico digital.

Diccionarios y Traductor

Dixio Desktop
El diccionario inteligente de Semantix. La única tecnología multiplataforma de diccionarios capaz de analizar el contexto para ofrecerte la mejor definición y traducción de forma inmediata con solo un clic. Recientemente, Dixio Desktop ha sido premiada por Norman Nielsen Group como aplicación multiplataforma mejor diseñada del 2012.

Comunicación

Skype
El software de comunicación por antonomasia. Es una aplicación multiplataforma que permite chatear y realizar llamadas y videoconferencias gratuitas con nuestros contactos.

Autor: Manuel Jiménez
Fuente: www.semantix.com

14 julio 2012

Atención al cliente



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Presentación utilizada para la realización de un taller de Atención al Cliente, titulada "Operación Cliente Satisfecho", impartida por Proinca Consultores.

07 julio 2012

Elogio de la pereza



La verdadera humanización de nuestras sociedades está en el ocio, en la vacación,
 en la disposición libre de nuestro tiempo para ocuparlo en lo que deseemos.

En 1932, en su ensayo Elogio de la ociosidad, Bertrand Russell planteaba una situación alegórica. Supongamos —decía— que un cierto número de trabajadores fabrican al día, en una jornada de ocho horas, todos los alfileres que necesita el mundo. Supongamos a continuación que alguien inventa un artilugio que permite fabricar el doble de alfileres con el mismo esfuerzo. “En un mundo sensato”, decía Russell, “todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes”: el empresario seguiría teniendo el mismo beneficio y los alfileres costarían lo mismo. En el mundo real, sin embargo, ya sabemos lo que ocurre: se despide a la mitad de trabajadores y se multiplica el beneficio.
Russell no era economista, y en su planteamiento había una falacia transparente. En primer lugar porque nunca es posible determinar cuántos alfileres o cuántas unidades de cualquier producto necesita el mundo: suele ocurrir que, al mejorar los métodos de fabricación y abaratarse la mercancía, se encuentran nuevos usos y se multiplica la demanda. Y en segundo lugar porque la economía es una arquitectura terriblemente movediza que va desplazando siempre sus engranajes: los trabajadores sobrantes en la industria de los alfileres podrían emplearse en una industria derivada (la de los alfileres de corbata, por ejemplo), en una industria nueva (la del automóvil estaba en pleno florecimiento en la época en la que Russell escribía) o en otra actividad económica diferente a la industrial.
Lo que ocurrió durante décadas en las economías capitalistas, de este modo, fue que los avances tecnológicos, además de incrementar los beneficios empresariales mediante la mejora de la productividad, posibilitaron la prosperidad de amplias capas sociales. Los profesionales y los obreros siguieron trabajando ocho horas diarias, como en 1932, pero pasaron de recibir salarios de subsistencia a mejorar poco a poco sus condiciones laborales: accedieron a viviendas cada vez más dignas, compraron automóviles y renovaron su vestuario cada temporada. Fue la era de gestación de las famosas clases medias.
Pero todo ese rumbo idílico tenía que tener un límite. En un mundo en el que las máquinas pudiesen hacer todo el trabajo —cosa que hoy en día está más cerca de la realidad que de la ciencia-ficción—, cabría preguntarse de qué se ocuparían los seres humanos. Si todos los alfileres y todos los coches y todos los frigoríficos fueran fabricados apretando un botón, ¿qué harían los hombres y las mujeres? Algunos podrían ejercer como profesores, médicos o cineastas —dando por supuesto que la inteligencia artificial nunca alcanzara a la humana—, pero su número sería inexcusablemente corto. En un mundo así, el análisis de Bertrand Russell dejaría de ser una falacia: la inmensa mayoría de los bienes y servicios se producirían sin necesidad de asalariados, convirtiendo la economía, como dice Zygmunt Bauman, en una gran máquina de fabricar “desperdicios humanos” que no tienen ningún papel útil que desempeñar y ninguna oportunidad de ganarse la vida.
Este es el paisaje social que se presintió en los años 90, cuando comenzó a hablarse del reparto del trabajo y de la civilización del ocio. Se nos anunció el advenimiento de la felicidad: la revolución tecnológica copernicana que se estaba produciendo permitiría que los seres humanos dejarán por fin de ganarse el pan con el sudor de su frente y se dedicaran a su familia, a sus aficiones y a sus placeres.
Qué lejanos e irreales nos parecen ahora aquellos tiempos. Hoy se nos pide que trabajemos más horas —por menos dinero—, que agrupemos las fiestas para no distraernos, que nos jubilemos más tarde e incluso que no nos enfermemos si queremos cobrar nuestro salario. Ya no se habla de la civilización del ocio, sino de la cultura del esfuerzo. Como si hubiéramos mordido la manzana de algún árbol prohibido, hemos sido expulsados de un paraíso que ni siquiera llegamos a conocer.
Visto con frialdad, sin embargo, todo parece un gran disparate: en los países desarrollados, las rentas del trabajo —es decir, la suma de todos los salarios que perciben los ciudadanos— tienen cada vez menos peso en la riqueza nacional, lo que significa que se va engrosando crecientemente el número de eso que Bauman llama “consumidores defectuosos”, personas que no tienen dinero para gastar y que no contribuyen por lo tanto al funcionamiento de la economía. Las rentas del capital, por el contrario, son cada vez más grandes, pero como es imposible emplearlas en inversiones productivas, puesto que no hay ya compradores suficientes, se emplean en alimentar bolsas especulativas. Es decir, si todo siguiera así, acabaríamos teniendo un gran productor de alfileres que no necesitaría a nadie para fabricarlos pero que, por la misma razón, no encontraría a nadie que pudiera comprarlos. De este modo se cumplirían, en una versión postmoderna, las predicciones de Marx y Rosa Luxemburgo acerca de la lógica autodestructiva del capitalismo.
La única respuesta sensata a este panorama desolador es la pereza. El enaltecimiento social de la ociosidad y la holgazanería. Es posible que para competir hoy con China o con India tengamos que trabajar más, pero si es así es porque antes se hicieron las cosas mal, porque se abrieron las compuertas de la globalización torcidamente, no porque haya sido inexorable. Vivimos en sociedades ya lo suficientemente ricas y tecnificadas como para que pueda considerarse con seriedad el establecimiento de una renta básica universal, un salario que se cobre simplemente por ser ciudadano del país. Los suizos —que no son extraterrestres ni leninistas— acaban de tomarlo en consideración. Nos convertiríamos así en rentistas de la herencia de nuestros antepasados, y nos podríamos dedicar, como los aristócratas de antes, al diletantismo. Por supuesto, quien quisiera trabajar ganaría más dinero, podría comprarse coches de lujo y tener casas más grandes. Pero lo haría por propia elección, no por fatalidad.
Es falso que el trabajo dignifique. Trabajar —es la parte que más me gusta de la Biblia— es un castigo divino, una maldición que empobrece la mayoría de las vidas. Incluso las tareas más nobles, como la creación artística, se convierten en algo desagradable cuando se hacen a cambio de un salario. La verdadera humanización de nuestras sociedades está en el ocio, en la vacación, en la disposición libre de nuestro tiempo para ocuparlo en lo que deseemos, sea hacer transacciones financieras delante de un ordenador o leer un libro debajo de un árbol.
Ése debería ser a mi juicio el derrotero ideológico de la izquierda europea, como quería Paul Lafargue: el elogio de la pereza. Impedir la competencia con países donde rige el esclavismo laboral, atajar la economía especulativa y propiciar la distribución racional del trabajo. Pero para ello, antes que nada, hay que reconquistar la senda de la cohesión social, porque no es que no haya dinero para pagar el bienestar, como se nos dice cada día, sino que ese dinero está mal repartido. Tony Judt recordaba que en 1968 el director ejecutivo de una compañía como General Motors ganaba sesenta y seis veces más que un trabajador medio de esa empresa, mientras que en nuestros días el director ejecutivo de una firma semejante gana novecientas veces más. Con estas cifras, las crisis serán perpetuas.
Autor: Luisgé Martín es escritor, su último libro publicado es La mujer de sombra.

05 julio 2012

El lenguaje hellooo


Un punto,...

nos indica el fin,
fin de una historia,
fin de una vida,
fin de una etapa.
Pero los dos puntos,
nos dan la esperanza de que algo claro continuará…
Los puntos suspensivos,
sin embargo, nos generan intriga de nuestro futuro…
Te has dado cuenta?
Un simple signo, puede describir nuestros sentimientos
Un signo menos,…
nos transmite una pérdida, algo negativo…
Al contrario un signo mas…
es positivo, nos brinda mas esperanza, mas y mas…
Una x,…
es un abrazo, amor, amistad.
Mientras 3 x,…
Nos sumergen en lo pornográ co, lo prohibido.
En contraposición, una división,…
nos separa, nos distancia, nos divide en clases sociales.
Igual,…
es la igualdad entre personas, de oportunidades…
Una simple variación del signo,…
Representa desigualdad, pobreza, el hambre en el mundo.
y en el lenguaje…
toda comunicación es una exclamación
La comunicación
se ha de nido de muchas formas,
pero…
Comunicación, es simplemente Comunicación
y los signos ayudan a su comprensión
La verdad es…
sin comunicación entre las personas, estariamos pedidos, entristecidos…
Hellooo,... Un signo que demuestra que estarás abierto a la comunicación

10 junio 2012

Pasos para superar la crisis


Hoy, como cada día, vuelves a renacer. 
Hoy, como cada día, es el primer día del resto de tu vida. 
Hoy, ya eres consciente, que tu futuro comienza hoy.


1.-Desaprende lo aprendido
Si haces lo mismo que todos han hecho hasta entonces, volverás a repetir los mismos errores que desembocaron en la crisis.


2.-Desapégate de tu vieja identidad
Si continúas reafirmando el valor de la vida en aquello que ya no tienes, bienes materiales o posición social, tu autoestima –y con ella tu salud- se verá hipotecadamente dañada de cara al futuro.


3.-Dejar ir
Por mucho que te aferres, lo que se tiene que ir se va. Para poder abrir una nueva etapa en tu vida, primero tienes que cerrar la puerta de la anterior. ¿Cómo vas a iniciar de nuevo el camino en busca de un nuevo y brillante horizonte, si cargas una pesada mochila que no te deja moverte de donde estás?

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